«Tenemos todavía que acostumbrarnos a pensar el “lugar” no como algo espacial, sino como algo más originario que el espacio [...] como una pura diferencia, a la que corresponde sin embargo el poder de hacer de tal modo que “lo que no es, en cierto sentido sea, y lo que es, a su vez, en cierto sentido no sea”.» Giorgio Agamben.

Para mí caminar significa emprender un viaje a solas. Con lo justo a cuestas. A la manera de quién aún estando siempre en marcha se demora en el lugar (la Demeure es, en francés, un hogar), que en estas sendas milenarias no representa ni el sitio ni su paisaje, tampoco la catedral o los restos de alguna vieja empalizada. El lugar en el camino más bien supone un estado de ánimo en el que uno se instala a través de la repetición continua de un gesto mínimo: el paso.

Caminar es siempre una forma de tardar, de sublevar la urgencia, para restituir al paso la magnitud de la escala humana, y abrir un espacio de libertad que le permita a uno mirarse desde otro lugar.

El viajero encarna así una doble ausencia: la de aquél que no cesa de irse y la del que está siempre por llegar. Paradoja fundamental que le somete a uno a la verdadera experiencia del estar presente. Se produce entonces el singular encuentro con el otro—camarada en la demora—, que llega para agitar nuestro monólogo interior.

Me gustaría pensar que el acto fotográfico equivale al paso—gesto mínimo del mirar—, y abre esos lugares de pura diferencia que son las imágenes, tan peculiares en su relación con el tiempo. La fotografia casi siempre ocurre andando.

Desde el 2019 hasta ahora, he dedicado mis vacaciones de verano a recorrer a pié algunas de las rutas de peregrinaje más relevantes del norte de la península: El Camino de Santiago por la ruta francesa desde Saint Jean Pied-de-Port a Finisterre durante el verano de 2019, el Camí dels bons homes o Camino de los Cátaros desde el Santuari de Queralt de Berga hasta la ciudad de Foix en la provincia de Ariège en el Sur de Francia el verano de 2020, y de vuelta al Camino de Santiago por las Rutas del Norte y el Camino Primitivo desde Irún hasta Santiago de Compostela, el pasado verano de 2021.

David Molina Gadea, Enero de 2022



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«We still have to get used to thinking of “place” not as something spatial, but as something more original than space [...] as a pure difference, to which corresponds, however, the power to do as if “what is not”, in a certain way would be, and what is, in turn, in a certain way would not be”.»

Walking for me is related to go on a journey alone, carrying the bare minimum. As whom, even if always on the move, lingers in the place (To linger is in Spanish, Demorarse, and Demeure is, in French, a home.), that in this millennial paths is not represented by the site or the landscape, nor by the cathedral or the ruins of an old facade. The place in those paths is rather a state of mind; a mood, in which one enters through the continuous repetition of a minimal gesture: the step.

To walk is always to delay, to uprise the urgency, in order to restore to the step the magnitude of the human scale, and to open a space of freedom that allows look at oneself from another place.

The traveller thus embodies a double absence: That of whom doesn’t stop leaving, and that of whom is always about to arrive. Fundamental paradox that subjects one to the true experience of being present. Then the singular encounter with the other takes place—comrade in the delay—, which arrives to agitate our inner monologue.


I would like to think that the photographic act is an equivalent of the step—minimal gesture of looking—, and opens up those places of pure difference that are the images, so peculiar in their relationship with time. Photography almost always takes place on foot.

From 2019 until now, I have dedicated my summer vacations to walking some of the most important pilgrimage routes in the north of the peninsula: The Camino de Santiago along the French route from Saint Jean Pied-de-Port to Finisterre during the summer of 2019, the Cathar way from the Santuari de Queralt de Berga to the city of Foix in the province of Ariège in the South of France in the summer of 2020, and back to the Camino de Santiago by the Northern Routes and the Primitive Way from Irún to Santiago de Compostela, last summer 2021.

David Molina Gadea, Enero de 2022